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La intensidad de corriente, o también conocida simplemente como corriente eléctrica, se refiere a la cantidad de carga eléctrica que atraviesa un punto determinado de un circuito por unidad de tiempo, en otras palabras, indica qué cantidad de carga eléctrica está circulando por el circuito en un determinado intervalo de tiempo.

Esta magnitud se mide en amperios (A) y se utiliza un amperímetro para realizar su medición, pero es importante mencionar que este caudal o cantidad de corriente eléctrica dependerá de la diferencia de potencial (voltaje) aplicada al circuito. Por esta razón, ambas magnitudes son directamente proporcionales entre sí, esto significa que, a mayor voltaje, mayor será la corriente eléctrica, siempre y cuando el valor de la resistencia no varíe.
Pero también debemos tomar en cuenta que, si el valor de la resistencia varía o mejor dicho sube, el valor final de la corriente eléctrica bajará, ya que la corriente eléctrica es inversamente proporcional al valor de la resistencia eléctrica.

Una forma sencilla de comprender la intensidad es mediante la analogía del agua que circula por una tubería, en este caso, la intensidad equivale al caudal de agua, es decir, la cantidad de litros que pasan por la tubería en un segundo, y cuanto mayor sea la corriente, mayor será el flujo de carga eléctrica en el circuito.
Por ejemplo, una lámpara puede estar circulando una corriente de 0.5 amperios mientras está encendida. Cuando la lámpara se apaga, si el circuito queda abierto, la corriente deja de circular y su intensidad pasa a ser prácticamente de cero amperios.
Es muy importante comprender que la intensidad de la corriente eléctrica varía en función del voltaje del circuito, es decir que existe una relación directamente proporcional con el voltaje, por lo que podemos afirmar que, si el voltaje sube, la corriente también aumentará en la misma medida, pero siempre fijando un valor de resistencia constante.
También debemos tomar en cuenta que la corriente eléctrica es inversamente proporcional al valor de la resistencia eléctrica, es decir que, si el valor de la resistencia sube, la corriente baja, pero si la resistencia baja su valor, la corriente eléctrica se incrementa.
Para entender un poco mejor esto, demos analizar la siguiente imagen:

Ahora que ya comprendemos cómo funciona la intensidad, es momento de ver los diferentes tipos de corriente eléctrica que existen, ya que según la dirección y la forma en que fluyen los electrones, entonces la corriente se clasifica de la siguiente manera:
La corriente continua es un tipo de corriente eléctrica en la que el flujo de electrones viaja en una sola dirección de forma constante. Esto significa que los electrones siempre van a fluir desde el polo negativo hacia el polo positivo de la fuente de energía, lo cual se conoce como el flujo real de la corriente. Sin embargo, es importante tomar en cuenta que en el análisis de circuitos eléctricos también se utiliza el sentido convencional, el cual por razones históricas se representa fluyendo desde el polo positivo hacia el polo negativo.
Un ejemplo muy claro de esto lo encontramos en las baterías, las pilas y los paneles solares. Por esta razón, la corriente continua es fundamental en dispositivos electrónicos portátiles, como teléfonos móviles, computadoras y otros equipos que funcionan mediante baterías
A diferencia de la continua, en la corriente alterna el flujo de electrones cambia de dirección de forma periódica. Es decir, el sentido del movimiento de las cargas eléctricas cambia periódicamente a una frecuencia específica que medimos en hertzios (Hz), la cual habitualmente es de 50 Hz o 60 Hz según el país.
Esta es la corriente que llega a nuestros hogares, edificios y comercios a través de la red eléctrica. Se utiliza de forma masiva porque es mucho más fácil de transformar en diferentes voltajes y resulta ser mucho más eficiente para transportar la energía a largas distancias sin que existan grandes pérdidas.
Pero Dentro de la corriente alterna, también podemos encontrar distintas formas en las que se distribuye o se presenta:
Es un sistema de suministro eléctrico que utiliza una sola fase activa de corriente alterna. Es la corriente que tenemos habitualmente en nuestras casas para conectar nuestros electrodomésticos, alimentar la iluminación y darles funcionamiento a los equipos de oficina. Este tipo de corriente es muy económica y fácil de instalar, pero tiene un límite de potencia en comparación con los sistemas industriales.
Este es un sistema de suministro más potente que utiliza tres fases activas de corriente alterna, desfasadas entre sí por 120 grados (y habitualmente un conductor neutro). Se implementa principalmente en la industria y en grandes instalaciones comerciales, donde se requiere una alta demanda de energía para alimentar maquinaria pesada, motores de gran tamaño y sistemas de refrigeración industrial.
Se le llama así cuando la onda de la corriente alterna sigue la forma de una función matemática suave (una sinusoide), alternando sus valores máximos y mínimos de manera continua y fluida. Es la forma más limpia y eficiente de corriente alterna, ya que evita picos bruscos de voltaje que podrían dañar los equipos. Por esta razón, es el tipo de onda que generan las centrales eléctricas y la que requieren los electrodomésticos y motores para funcionar correctamente sin sobrecalentarse.
Por último, tenemos la corriente cuasiestacionaria. Este es un caso más especializado que ocurre cuando las variaciones de la corriente en el tiempo son tan lentas que el tiempo de propagación de la señal a través del circuito es despreciable.
Para fines prácticos, esto nos permite analizar el circuito como si la corriente fuera constante en todo momento. Se estudia principalmente en física teórica y en el análisis de circuitos de baja frecuencia o de tamaño muy reducido, donde no se requieren cálculos complejos de ondas electromagnéticas.
Para comprender la corriente eléctrica a nivel físico, debemos recordar que un material conductor (como el cobre) posee una gran cantidad de electrones libres, y aunque estos electrones se encuentran en el material, no pertenecen a un átomo determinado, entonces pueden desplazarse fácilmente cuando se le aplica una fuerza o tensión eléctrica.
Una corriente eléctrica existe cuando hay un transporte neto de carga de un lugar a otro, por lo tanto, si una cantidad de carga (Q) atraviesa una sección transversal de un conductor en un intervalo de tiempo (t), la definición fundamental de la intensidad de corriente (I) viene dada por la siguiente fórmula:

Donde las magnitudes y sus unidades se definen como:
De esta relación se deduce la equivalencia básica del amperio: 1 A = 1C/s, lo que significa que un amperio equivale al paso de un culombio de carga por segundo a través del conductor.
La relación entre la corriente eléctrica, el voltaje y la resistencia está determinada por la Ley de Ohm, la cual se expresa mediante la siguiente fórmula:

Para comprender y aplicar esta fórmula, debemos identificar los tres elementos que la componen:
El análisis de esta fórmula nos indica que la intensidad de corriente es directamente proporcional a la tensión eléctrica, pero inversamente proporcional a la resistencia eléctrica, es decir que si la tensión eléctrica (VOLTAJE) aumenta, también aumentará la intensidad de corriente (AMPERAJE), pero si la resistencia eléctrica (OHMIOS) sube, la intensidad de corriente, entonces bajaría.

El comportamiento de un material frente a la corriente eléctrica depende de su estructura atómica, específicamente de la cantidad de electrones libres en su última capa (capa de valencia), y según su capacidad para permitir el paso de las cargas eléctricas, podemos clasificar los materiales en cuatro categorías:
Son aquellos que ofrecen una resistencia muy baja al paso de la corriente eléctrica, esto se debe a que sus átomos poseen electrones débilmente ligados al núcleo, los cuales pueden moverse con gran libertad a través del material cuando se le aplica una tensión eléctrica.
Son materiales que se oponen fuertemente al paso de la corriente eléctrica, por lo que observamos que, en su estructura atómica, los electrones están estrechamente unidos a los núcleos, lo que impide que existan cargas libres capaces de desplazarse.
Son materiales fascinantes porque no son ni conductores puros ni aislantes puros, y esto es porque su capacidad para conducir electricidad se puede controlar y modificar de forma precisa mediante factores externos como la temperatura, la luz o la aplicación de un campo eléctrico.
Es un caso especial que ocurre en ciertos materiales cuando se enfrían a temperaturas extremadamente bajas (cercanas al cero absoluto). En esta condición, el material pierde por completo su resistencia eléctrica y permite que la corriente fluya sin liberar calor ni perder nada de energía.

Para conocer la cantidad de corriente que circula por un circuito, necesitamos utilizar instrumentos de medición específicos, aunque estos van dependiendo del tipo de aplicación y de las condiciones del trabajo, pero existen dos formas principales de realizar esta medición:
Es el método tradicional. Para medir la corriente de esta forma, es necesario abrir o «romper» temporalmente el circuito e interconectar el instrumento para que la totalidad de los electrones pasen a través de él.
En muchas situaciones industriales o residenciales, cortar el cable o interrumpir el paso de la corriente resulta muy incómodo o peligroso. Por esta razón, se emplean sensores e instrumentos que detectan el campo magnético que la corriente genera a su alrededor mientras fluye:

Cuando la corriente eléctrica circula a través de diferentes materiales o medios, produce transformaciones físicas y químicas, siendo algunos de los principales efectos, los que podemos analizar en los siguientes casos:
Ocurre cuando los electrones chocan contra los átomos del conductor durante su trayecto, lo que genera un aumento de temperatura en el material, es decir que cuanta más corriente circula, más calor se libera.
Ejemplos: Estufas eléctricas, planchas, tostadoras y fusibles de protección.
Se produce cuando la energía eléctrica se transforma directamente en luz. Esto puede ocurrir por incandescencia (un filamento que se calienta hasta brillar) o por excitación de gases y semiconductores.
Ejemplos: Focos LED, tubos fluorescentes y pantallas.
Toda corriente eléctrica que circula a través de un conductor genera un campo magnético a su alrededor. Este fenómeno es la base del electromagnetismo y permite convertir energía eléctrica en movimiento mecánico.
Ejemplos: Motores eléctricos, electroimanes, altavoces, transformadores y relés.
Ocurre cuando la corriente eléctrica pasa a través de una sustancia líquida o solución iónica (electrolito), provocando reacciones químicas que descomponen o transforman la sustancia.
Ejemplos: La carga y descarga de baterías y acumuladores, la galvanoplastia (recubrimiento de piezas con oro, plata o cromo) y la obtención de aluminio puro.
Se refiere a la reacción que produce la corriente eléctrica al circular por los tejidos del cuerpo humano o de los animales. En dosis controladas se utiliza con fines médicos, mientras que en niveles altos representa un riesgo eléctrico.
Ejemplos: Aparatos de electromedicina, desfibriladores, estimuladores musculares en fisioterapia y marcapasos.
